Desde la prehistoria, Antzuola fue un lugar de paso. Por allí transitaron los pastores, con su ganado trashumante, desde la costa de la actual Bizkaia hasta la sierra de Aizkorri-Aratz. También lo hicieron los mercaderes que iban desde la capital del Reino de Navarra, Pamplona, hasta puertos como el de Mutriku, Ondarrua, Bermeo y Bilbao.

El pueblo ha sido testigo de mil batallas entre las que cabría una defensa de los locales ante posibles razias musulmanas, las encarnizadas luchas de los señores feudales vascos en la Baja Edad Media y, sucesos más recientes, como la batalla de Descarga en la Guerra Carlista, hace 185 años. Afortunadamente todo eso ha quedado en el pasado y hoy en día Antzuola es un lugar tranquilo en el que nos encanta descubrir bares de toda la vida, huertos urbanos y un ambiente perfecto para desconectar del bullicio de la ciudad.

Sus poco más de 2.000 habitantes, disfrutan de un entorno natural excepcional, con bosques frondosos y los típicos prados verdes muy quebrados de la cornisa cantábrica.

El trabajo familiar

En esos prados pastan caballos, vacas y, como no, ovejas latxas. Antzuola, como muchos otros pueblos de Euskal Herria, también tiene una quesería. Aunque la de allí es muy especial. Hasta su nombre es singular: “Ama txo“, un juego de palabras formado por los nombres de Amaia y Txomin, sus propietarios, que nos hace gracia porque también suena parecido a “mamá” y “¡eh, madre!”. Ambos, Txomin y Amaia, cuidan con sumo mimo, casi “maternal“, a sus ovejas con cuya leche producen un queso de Idiazabal atípico que, sin duda, tendréis que degustar. Podéis contactar con ellos o acercaros a su puesto en el mercado de Oxirodo, en Bergara.

Y es que la tradición familiar del trabajo en el caserío sigue vivo gracias a esa pareja que, además, entrega la lana de sus ovejas al sector textil para que la empresa Ternua de Mondragón produzca ropas con un tejido ecológico, de proximidad, que aísla del frío, es transpirable y repele el agua.

Así que, lo único que os queda es encaminaros por los senderos que llevan a barrios como Uzarraga y Lizarraga o el entorno de Irimo, entre otros y abrir bien los ojos para disfrutar de ese maravilloso verde que devoran las ovejas.

Siente el caserío

No muy lejos del formidable casco histórico de Antzuola, en el que destacan edificios, a caballo entre los siglos XV y XVI, como Migelenekoa y Txasiozarrenekoa y otros típicos del barroco como el del ayuntamiento y la casa Txasionekoa está el caserío Ibarre, reconvertido en Casa Rural.
De allí era natural Francisco de Iraeta-Ibarra, miembro de la RSBAP. Esa institución promovió la creación, en Bergara, del Real Seminario de Nobles y allí fue donde los hermanos Delhuyar aislaron el wolframio.
Iraeta fue un personaje de su tiempo. Alguien que partió de su Antzuola natal a una tierna edad y se hizo rico en el comercio con las Américas, especialmente con México y con Filipinas. De hecho, fue tan inmensamente rico que realizó importantes donaciones al pueblo en el que nació. Así, sabemos que costeó la renovación del retablo de la parroquia de Nuestra Señora de la Piedad.

El valor de las personas

No cabe duda de que Antzuola ofrece, cultura, tradición, historia, la comodidad de un pueblo desde el que moverse por Euskadi con rapidez y producto local de calidad. Un buen ejemplo son las frutas y verduras que cultivan en el caserío Bidaurre, del barrio de Uzarraga. Se puede ver a Kontxi vendiendo en el propio caserío y en muchas ferias y mercados locales. Nosotros conocemos su bizipoza, esa alegría de vivir que trasmiten algunas personas y, sus sabrosas y afamadas manzanas gracias a su puesto del mercado de Bergara.

Las personas son el gran valor de Antzuola. Las y los antzuolarras son muy simpáticos y amables. Les sorprenderá veros deambular por sus calles, porque el pueblo tiene la suerte de carecer de un turismo masificado y, aunque es probable que os observen con cierta curiosidad, seguro que os echan una mano si tenéis cualquier duda. De hecho sabemos que es muy fácil hacer buenos amigos en Antzuola y, quien tiene un amigo allí, lo tiene para toda la vida.