La Edad Moderna es una época que me fascina especialmente. El mundo se hizo más grande y mejoraron las comunicaciones. La ciencia y el conocimiento avanzaron. E infinidad de vascos y vascas medraron gracias a su promoción dentro de la corte española, pudiendo invertir en nuestra tierra y transformarla.

Esas mejoras se reflejaron en el acondicionamiento de las ferrerías, la mejora de infraestructuras y redes viarias, la inversión en investigación y educación y, como no, el impulso constructivo.

Las antiguas viviendas de aspecto retardatario se derribando y en sus solares se levantaron hermosos caserones de clara influencia herreriana. Uno de esos edificios es el que mandó hacer en Mondragón Juan de Andicano y López de Celaa, el primer conde de Monterrón.

Aún hoy, muchas vecinas y vecinos de Mondragón, desconocen que la casa del conde de Monterrón fue la situada en Erdiko kale junto al cantón de Olarte y, el edificio que conocemos como Palacio Monterrón en el arrabal de Zarugalde fue, originalmente, el hogar del matrimonio formado por su hermana, la azafata María Sáenz de Andicano y su cuñado, el capitán Mateo de Aranguren.

Sobre el caballero Juan de Andicano Celaa conocemos algunos datos biográficos. Se sabe que fue bautizado1 en Mondragón el 11 de junio de 1629. Fue el cuarto vástago del matrimonio formado por Diego de Andicano e Isabel de Celaa.

Juan fue un hombre de gran cultura que asumió cargos de importancia dentro de la administración del reino. En 1667 actuaba como fiscal acusador2 en la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid y pocos años después, en 1675 fue nombrado alcalde de Casa y Corte3 durante el reinado de Carlos II.

Esta institución propia del Antiguo Régimen controlaba todos los aspectos de la vida pública allí donde se situaba la corte, que a partir del reinado de Felipe II, fue la villa de Madrid. Su alcalde era un alto funcionario del estado que ejercía las funciones de juez y sus decisiones eran, casi, irrevocables ya que sólo cabía recurrir al propio monarca para modificar la decisión judicial.

Palacio de Santa Cruz antigua sede de la Sala de Alcaldes de Casa y Corte y hoy Ministerio de Asuntos Exteriores (Madrid)

Fue Carlos II quien en 1675 inició los trámites para otorgarle el título de Caballero de la Orden de Santiago4, que obtuvo un año después, en 16765. Cualquier prohombre del siglo XVII aspiraba a formar parte de ese asociación elitista, de la que estaban excluidos aquellos que procedían de familias judías y musulmanas reconvertidas al cristianismo.

Y no fue ese el único reconocimiento que Juan de Andicano obtuvo por parte del último monarca de los Austrias, pues, tras adquirir por 60.000 reales el señorío de la villa de Montarrón en Guadalajara, recibió el título de Conde de Monterrón de manos del rey Carlos II en 1689 como pago por los servicios prestados. El condado de Monterrón es un título perpétuo7 que heredaron de él sus sucesores.

Y, ¿qué haría un vecino de Mondragón para mostrar a sus convecinos todos los honores y distinciones que había alcanzado en vida? A mi mente vino rápidamente el ejemplo de otro reconocido miembro de la Orden de Santiago, Diego de Velázquez, quien se retrató a sí mismo con la cruz roja que distingue a los miembros de esa orden militar en el famoso cuadro de las Meninas. Así que, si Velázquez lo había hecho para demostrar que era mucho más que un simple artesano dedicado a reproducir la naturaleza. ¿Por qué no iba a existir un retrato de Juan de Andicano jactándose de sus logros?

Pensé que, en algún lugar debía haber una representación pictórica del conde y me dediqué un tiempo a buscarlo en museos, galerías de arte, tiendas de anticuarios y empresas dedicadas a las subastas. Y, ha sido en una de ellas donde, al fin, he localizado un cuadro de nuestro conde de Monterrón.

Cuadro en proceso de subasta por Abalarte Subastas con la figura del primer conde de Monterrón

Como buen retrato barroco, el cuadro muestra los atributos destacados del personaje; documentos, su espada, que sería muy lógico que fuese del mejor acero de Mondragón, una larga capa con la cruz de Santiago como Caballero de la Orden, el escudo familiar de los Andicano y todo ello envuelto en una atmósfera teatral a la que contribuye el gran cortinón abullonado de la parte superior. Además, el personaje está perfectamente identificado a través de la cartela de la parte inferior de la pintura.

Si algún particular o entidad pública o privada tiene interés en adquirir este cuadro, se subasta por un precio de salida de 4.250€. Al parecer su autor pertenece a la escuela de un magnífico retratista barroco; Juan Carreño de Miranda, quien fuera pintor de cámara de Carlos II. Sería muy interesante estudiar la pinceladura del cuadro para descubrir más cuestiones sobre su autoría. También sería muy enriquecedor poder ver los detalles y leer los textos del lienzo. Seguro que aportan más información sobre el personaje.

Por fin le pongo rostro al conde de Monterrón. Ahora solo me falta saber si, finalmente, sus restos reposaron o no en el convento de San Francisco en el arrabal como fue su deseo tras su muerte en 16918, pero os cuento eso y mucho más en las visitas guiadas por las calles de Arrasate.


1. Archivo Histórico Diocesano de San Sebastián DEAH/F06.033//1334/001-02(f.361r,nº–/B1629-06-11)
2. Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. REGISTRO DE EJECUTORIAS,CAJA 2908,11
3. Archivo Municipal de Bergara. 01-L/029 pág 70
4. Archivo Histórico Nacional. OM-EXPEDIENTILLOS,N.4653
5. Archivo Histórico Nacional. OM-CABALLEROS_SANTIAGO,EXP.415  
6. Archivo Histórico Nacional.CONSEJOS,L.2752,A.1689,N.38. La Enciclopedia Auñamendi recoge que el título de conde de Monterrón se le concedió en 1689.
7. Archivo Histórico Nacional. CONSEJOS, 9270.8. APF. Legajo 3, documento 2 y biografías de la Real Academia de la Historia.
8. Biografías de la Real Academia de la Historia